

Tras una propuesta inicial de nuestros amigos de Spar Gran Canaria, decidimos actualizar arreglos y volver a realizar la grabación de temas que han sido significativos en distintas épocas de Los Gofiones. Arreglistas de dentro y fuera del grupo trabajaron en ello, siendo fruto de ese trabajo las versiones que actualmente interpretamos de “Campanas de Vegueta”, “El telar” o “Cabra loca”, entre otros.
Te llevo en el corazón,
te amo con el alma,
vivir en ti es mi razón
¡Ay mi Gran Canaria!
En los poros de mi piel,
dentro, en las entrañas,
eres mi razón de ser
¡Ay mi Gran Canaria!
Formas parte del total
de siete esmeraldas,
en ti me quiero quedar
¡Ay mi Gran Canaria!
Y si tu ausencia está en mí,
mis ojos se empañan
cuando me acuerdo de ti
¡Ay mi Gran Canaria!
Una roca, un corazón
con el fuego de la lava,
y el Atlántico pone canción
cuando va a besar tu playa,
mar sangre y roca pasión,
mi querida Gran Canaria.
Esta es la isa del querer
que un gofión le canta a su amor.
Asoma, niña, de una vez
que vengo a darte el corazón.
No hay amor como el primero
aunque el segundo más valga,
porque el primero se lleva
las ilusiones del alma.
Dile a tu madre, mi niña,
que vengo de serenata.
Dile que siga durmiendo,
dile que siga en su cama.
La canción que aquí te canto
la hice por ti y por tu madre,
por ella pa’ que se duerma
y por ti pa’ enamorarte.
El amor primero es puro,
el segundo lisonjero,
el tercero es desvarío,
no hay amor como el primero.
No vayas a recogerte
diciendo que ya hace frío,
“pos” te “empresto” mi estameña
y otro rato estás conmigo.
Esta fue la isa del querer
que un gofión le cantó a su amor.
Te asomaste, niña, una vez,
te llevaste mi corazón.
Barrio de Vegueta,
barrio donde naí,
Torre de la Audiencia
de San Agustín,
Las más alegres campanas
de nuestra Catedral,
donde la Plaza Santa Ana
al aire se echó a volar.
Al mar, al mar,
repican, repican,
Barrio de Vegueta,
barrio de mi niñez,
hoy me traes tristeza,
recuerdos de ayer,
De la tierra, la luchada,
la nobleza en el bregar,
nuestra gente marinera
tiene su brega en la mar.
Patrón agarre la caña
y dígale al escotero
que calce pronto la escota
y se prepare el murero.
Salimos por sotavento
y nos llevan cuatro esloras,
una tumbada y, de un largo,
llegamos a San Cristóbal.
Es nuestra vela latina
lucha contra viento y mar,
poco bote, mucho trapo
y sin miedo a trabucar.
Después viramos pa ́fuera
y vamos cogiendo altura,
con la bolina ceñida
echan chispas las amuras.
Es la última tumbada,
todo el mundo pa’ la banda,
se oye el grito del patrón
enfilando la bocana.
El botín está a la vista
y ansioso estoy por llegar,
el rival viene “pegao”
pero vamos a ganar.
Es nuestra vela latina
lucha contra viento y mar,
poco bote, mucho trapo
y sin miedo a trabucar.
En un telar de madera
teje mi novia su ajuar,
quiera Dios que no sea vieja
cuando lo vaya a acabar.
Una vez por la regleta
y otra vez por el pedal
quiera Dios que no sea vieja
cuando lo vaya a acabar.
Telarito, mi telar,
apura más la pasada,
que está impaciente mi amada
de tanto tiempo esperar.
Yo me quisiera casar
pa’l día de San Valentín
y no quiero ni pensarlo
que no me fuera a salir.
Dale que dale, leva que leva,
cómo se mueve la lanzadera.
También mi suegra dale que da,
dale que dale sin terminar.
Tengo unos calzones gordos
que mi novia me tejió
con la lana del borrego
que su padre trasquiló.
A la entrada del invierno,
qué regocijo me dio
con la lana del borrego
que su padre trasquiló.
A Fray Albino dijo
don Baldomero
que yo al ron y tú al vino,
y yo el primero.
Que si tú eres obispo,
yo ser no quiero,
que si tú eres Albino
yo el ron prefiero.
Soy gofión sobre todo
y todo está dicho.
Yo como gofio ‘e millo
y tú que no hay modo.
¡Quieta las vacas “jay”!
Mi puchero es distinto
“pos” tiene gofio,
tú lo llamas cocido
porque eres godo.
Una pella me “jinco”,
me pongo hecho un rolo,
que por tú no comerla
estás como un tollo.
Gofiones tocadores,
que esto se acaba.
“Emprincipian” los rones
y hasta mañana.
¡Quieta, Mariposa!
Cabra loca, cabra loca
y el cabrero que las guarde,
que si yo fuera cabrero...
¡Ah, mal rayo la cabra!
Perro, búsquela;
‘chá pasquí,
pasá pon simba,
jaira, chate jay.
La cabra que al monte tira
aunque le pongan pateras,
siempre jalará pa'l risco
nunca pa' la carretera.
Fielatero no dispares
que no traigo contrabando,
sólo unos ojitos negros
que me están desesperando.
La mujer cascabelera
es como la cabra loca,
que salta de roca en roca
pero en ninguna se queda.
Si quieres vivir feliz
y la vejez alcanzar,
nunca guardes cabras locas
y recuerda este cantar:
Cabra loca, cabra loca
y el cabrero que las guarde,
que si yo fuera cabrero,
cabras locas no gardare.
Otra “vei”,
¡ah, mal rayo el perro!
cha pasquí,
pasá pon simba
jaira, chate jay.
Y te trajeron de lejos,
malagueña, malagueña,
que te trajeron de lejos,
eres gaviota viajera
que vas dejando reflejo
en tu canción lastimera.
Desde Andalucía tu alegre cantar
arribó a esta tierra y se puso a cantar.
Es mi cantar como el aire
que inflama esta tierra mía,
es como el mar cuando brama
sobre las rocas bravías
con gusto a sal y retama.
A sal y retama, a viento y marea,
a tierra reseca, a gofio y jarea.
Las garzas cantan con la malagueña
que traje aquí desde la tierra mía
y Venezuela llora con Canarias
de sentimiento con nuestra melodía.
Venezuela hermana, canto y armonía,
vibran en tu llano las Canarias mías.
El viejo acordeón
en lo alto del ropero,
el viejo acordeón
que tocara mi abuelo.
El viejo acordeón
que hoy duerme polvoriento,
que asmático resopla
en busca de otro tiempo.
Él fue protagonista
sonoro y sin igual
de antiguas alegrías,
testigo musical.
En su fuelle vibraron,
al son de su vaivén,
el vals y la folía
y el viejo “Mamá Inés”.
Mi viejo arcordeón,
no pares de sonar,
no dejes de traerme
tu armonioso compás.
Que baile todo el mundo
con tu dulce canción,
no calles nunca más,
mi viejo acordeón.
Fuiste el centro de Las Palmas,
ya no eres lo que eras.
Ni está el Polo, bar que fuera
famoso en el Puente Palo,
y en tu recuerdo te canto
esta isa parrandera.
Desde el Parque de San Telmo
hasta el mismo Guiniguada,
altiva está la entrañable
Calle Mayor de Triana.
Ya el fotingo de Molina
no pasa dando estampíos,
y aunque su encanto esté muerto
está en mi corazón vivo.
Un día por la mañana
fui con mi novia a Triana
y estaba el mar de reboso.
Me mojé las alpargatas,
ella se mojó las patas,
el zagalejo y el bolso.
Y más nunca de mañana
voy con mi novia a Triana
por si está la mar de fondo.
Que si el agua va por “simba”,
se me moja la cachimba
y a mi novia el mondongo.
¡Prepárense pa’ saludar!
¡Señores, mucha atención
que viene el gran general,
el señor don Andrés “El Ratón”!
Que en su vieja chaqueta hay colgando
medallas de brillante latón,
va descalzo y duerme en el barranco.
Por la calle Malteses va una parranda,
todos cantando.
Vienen de La Alameda hasta Triana,
todos bailando.
Desde el Parque de San Telmo
hasta el mismo Guiniguada,
altiva está la entrañable
Calle Mayor de Triana.
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