

Esta publicación surge por el encargo que hiciera el Auditorio Alfredo Klaus en el año 2002 para realizar su espectáculo anual de cierre de programación. Los Gofiones se convirtieron en cronistas de nuestro pasado más inmediato a través de aspectos fundamentales en la historia de la música popular en Canarias: el papel de la mujer, la canción social, el timple, el folclore de la emigración, los personajes populares, sus grupos señeros, la labor del programa de TV Tenderete, entre otros. Fue grabado en los Estudios Noda Records en Gran Canaria, con la producción musical de Carlos Más.
Íbamos cuatro guitarras,
bandurrias, requinto,
timplillo y laúd.
Todos cantábamos isas,
coplas y estribillos
rumbo a Santa Cruz.
Se armó fuerte pelotera
cuando desde Agulo
saltamos a Tías,
luego fuimos a Tuineje
de Azofra a Las Breñas
con rumbo a Tafira.
¡Qué tenderete, qué tenderete,
qué tenderete, ay Mería, se armó!
Nunca se vio una parranda
mejor que la nuestra
de Teno a Teror.
Salimos del Ateneo
por la Calle Juan de Vera
cuando vimos a Nijota
con Veremundo Perera.
Cuando, ya de madrugada,
subimos al Teide
en el Dedo de Dios,
cantamos una folía
a las siete islas
en tono mayor.
Íbamos de recalada
bailando saltonas
por El Mocanal,
cuando salió Valentina
con Sebastián Ramos,
Crosita y Cabral.
¡Qué tenderete, qué tenderete,
qué tenderete, ay Mería, se armó!
Nunca se vio una parranda
mejor que la nuestra
de Teno a Teror.
Volveré a nacer si me muero,
para quererte.
Volveré a nacer para no olvidarte.
Volveré a nacer si me muero,
volveré a nacer para amarte,
volveré a nacer si me muero,
para quererte,
volveré a nacer para no olvidarte.
¡Que siga el tren y su vaivén,
que siga el tren de la vida!
¡Que siga el tren y su vaivén,
que siga el tren más allá!
¡Que siga el tren y su vaivén,
con nuestras almas unidas!
¡Que siga el tren y su vaivén,
que siga el tren una eternidad!
¡Ay!, para quererte nací,
¡ay!, para quererte no más,
Para quererte así, mi vida,
para quererte hasta la eternidad.
Que siga el tren, que siga el tren,
que siga el tren de la vida y más allá.
Unos que suben y otros bajarán
de este tren de la vida que no parará jamás.
Locomotora, ¿dónde tú vas?
Voy a Cuatro Caminos, Songo, La Maya y viro pa’ trás.
¿Qué importa que lleves,
qué importa que traigas,
si agua si leche o si pan,
si Agarfa no quiere mirar,
si Agarfa no quiere mirar?
Agarfa está ausente, Agarfa no está,
Agarfa se ha ido y no volverá.
¿Qué importa si leche o si pan
si Agarfa no quiere mirar?
Mimeráhanab zinú zinuhá
ahemen atén aharán d-húad
zud Agáraf ú fenn éreg nuzzág.
Sonrisa desdentada,
rimel y colorete
y un kilo de carmín
para ocultar sus labios
de toda mueca ruin.
Lacitos colegiales
en su encrespado pelo
y un traje bien chillón,
absurdamente corto,
justifica el revuelo
que a su paso dejó.
Por el Santa Catalina
ella va de esquina a esquina
como una reina en su corte,
atendiendo al personal
y encendiendo fantasías por el lugar.
Es Lolita Pluma,
sí, Lolita Pluma,
que desde El Río hasta El Central
pasea por toda la ciudad
su extravagancia singular.
Es Lolita Pluma,
sí, Lolita Pluma.
Cuando se vaya morirá
un poco toda la ciudad,
desde Ripoche a La Naval.
Amante protectora
de quince o veinte gatos,
cajita de cartón
con chicles y retratos
y ese alegre alegato
que es su conversación.
Es Lolita Pluma,
sí, Lolita Pluma,
que desde El Río hasta El Central
pasea por toda la ciudad
su extravagancia singular.
Es Lolita Pluma,
sí, Lolita Pluma.
Cuando se vaya morirá
un poco toda la ciudad,
desde Ripoche a La Naval.
Nunca tengo luna ni tengo sol,
mis ojos solo miran la tierra y el azadón
y mi cantar lo escucho yo,
que nadie quiere sentir las quejas de mi canción.
Mi pena es vieja porque los frutos de mi sudor
nunca se ven, que se los llevan ese aquel.
Mi perro gris me ve llorar
y ladra al viento, pero no hay eco para mi mal.
La tierra me hace sudar,
la tierra me hace sufrir,
y usted, que sabe mi mal,
tan solo me da pa' seguir así
y usted, dueño de mi pan,
vive tan feliz en la gran ciudad.
Dicen que por qué no sé
de qué color es el cielo...
¿cómo lo voy a saber
si desde el amanecer
lo paso cavando el suelo?
Yo no le canto a la luna
porque alumbra nada más,
le canto porque ella sabe
de mi largo caminar.
¡Ay, lunita tucumana,
tamborcito calchaquí,
compañera de los gauchos,
en las sendas de Tafí!
Perdido en las cerrazones,
¿quién sabe, viditay, por dónde andaré?
Mas, cuando salga la luna,
cantaré, cantaré
a mi Tucumán querido
cantaré, cantaré.
Con esperanza o con pena,
en los campos de Acheral,
yo he visto a la luna buena
besando el cañaveral.
En algo nos parecemos,
luna de la soledad:
yo voy andando y cantando,
que es mi modo de alumbrar.
Perdido en las cerrazones,
¿quién sabe, viditay, por dónde andaré?
Mas, cuando salga la luna,
cantaré, cantaré
a mi Tucumán querido
cantaré, cantaré.
De todo lo del mundo
más difícil de saber
es conocer a fondo
el genio de la mujer.
Si sabe que la quieres
despreciativa se va
y en cambio con desdenes
siempre la llevas detrás.
Caracol, caracol, caracol.
Caracol, caracol, caracol.
Vete al baile, vida mía,
vete al baile, corazón,
que muy juntos bailaremos
el famoso caracol.
Vete al baile, vida mía,
vete al baile, corazón,
que en las noches de tormenta
aparece el caracol.
Caracol, caracol, caracol.
Caracol, caracol, caracol.
Todo aquel que quiera a una mujer,
que baile el caracol.
Al bailar el tajaraste
escapar dejé un suspiro,
y es porque me miras,
y es porque te miro.
Que el volcán está apagado
pero dentro lleva fuego;
no me llames frío,
ya verás tú luego.
Camellero, camellero,
llévame a la romería
porque mi palmera
va a cantar folías.
Llévame, por Dios, ligero,
que si canta y no la veo
muero de pesar.
¡Aprisa, que un lucero
comienza a despertar!
Por el amor de una canaria
vivo yo penando,
por el amor de una canaria
vivo yo soñando.
He de lograr su amor
y bailar un tango herreño,
porque soy guanche
y siempre salgo con mi empeño
Menudo y agudito
tu baile es,
si quieres que te quiera
te has de mover.
O fado nasceu um dia
quando o vento mal bulia
e o céu o mar prolongava.
Na amurada dum veleiro,
no peito dum marinheiro
que, estando triste, cantava.
Ai, que lindeza tamanha,
meu chão, meu monte, meu vale
de folhas, flores, frutas de oiro.
Vê se vês terras de Espanha,
areias de Portugal,
olhar ceguinho de choro.
Na boca dum marinheiro
do frágil barco veleiro,
morrendo a canção magoada,
diz o pungir dos desejos
do lábio a queimar de beijos
que beija o ar, e mais nada.
Mãe, adeus. Adeus, Maria,
guarda bem no teu sentido
que aqui te faço uma jura:
que ou te levo à sacristia
ou foi Deus que foi servido
dar-me no mar sepultura.
Ora eis que embora outro dia,
quando o vento nem bulia
e o céu o mar prolongava,
à proa de outro velero
velava outro marinheiro
que, estando triste, cantava.
¡Ay, qué belleza tan grande!
Mi hogar, mi monte, mi valle
de hojas, flores, frutas de oro.
Di si ves tierras de España,
arenas de Portugal,
mirar cegado de llanto.
Vergel de belleza sin par
son nuestras Islas Canarias,
que hacen despierto soñar.
Jardín ideal siempre en flor,
son sus mujeres las rosas,
luz del cielo y del amor.
El corazón de los guanches,
el murmullo de la brisa,
suspiran todos amantes
por el amor de un isa.
Desde la cumbre bravía
hasta el mar que nos abraza
no hay tierra como la mía
ni raza como mi raza.
¡Ay, Canarias, cómo te siento
si es que me encuentro lejos de ti!
¡Cuándo llegará el dulce momento
de besar la tierra en que nací!
Arrorró.
Duérmete, mi niño chico,
duérmete y no llores más,
que vienen los angelitos
del cielo y te llevarán.
Duérmete, mi niño chico,
que tu padre está en el campo,
trae un racimo de uvas
que ya están madurando.
Si mi niño se durmiera
yo le daba un regalito:
una piedrecita de azúcar
envuelta en un papelito.
Durmiendo está ya mi niño
en su pequeña cunita,
no me canso de mirarle
a su preciosa carita.
Arrorró.
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