

El proceso y lanzamiento de “Cuba” supuso una verdadera revolución para Los Gofiones. La elección de un repertorio netamente cubano y la esmerada preparación con la inestimable guía de la maestra cubana Digna Guerra, directora del Coro Nacional de Cuba, se materializó en uno de los trabajos más exitosos de nuestro grupo. La producción y arreglos instrumentales de Alexis Canciano terminaron de dar forma al disco.
Tuvimos el gran honor de contar con las colaboraciones de Silvio Rodríguez (en “Dos gardenias” y “La sitiera”) y Celina González (en “Lágrimas negras” y “Yo soy el punto cubano”), figuras imprescindibles de la música cubana. El disco gozó de una gran aceptación, tanto en Canarias como en Cuba, y sus temas siguen dándonos satisfacciones en los escenarios.
Mamá, yo quiero saber
de dónde son los cantantes,
que los encuentro galantes
y los quiero conocer,
con sus trovas fascinantes
que me las quiero aprender.
¿De dónde serán, ay mamá?
¿Serán de La Habana?
¿Serán de Santiago, tierra soberana?
Son de la loma, cantan en llano,
ya verás, tú verás.
Mamá, ellos son de la loma,
mamá, ellos cantan en llano,
mamá, ellos son de la loma,
mira mamá, cantan en llano,
mamá ellos son de la loma.
Son de la loma, cantan en llano,
son de la loma, mamá ellos cantan en llano.
Amada prenda querida
no puedo vivir sin verte
porque mi fin es quererte
y amarte toda la vida.
Asómate a tu ventana
para que escuches mi son,
lo traje del corazón
de mi música cubana.
Allí donde te conocí
quiero verte otra vez.
Allí bajo aquel flamboyán,
allí te esperaré.
Allí donde te di mi amor,
donde al fin nos quisimos
con loca pasión.
Allí, no lo olvides, mi bien,
ya sabes que te espero.
Sabrás lo que sufro por ti
desde que perdí.
Jamás te volveré a ofender,
te volveré a mentir.
Allí volverá a renacer,
bajo la luna llena,
aquel amor de ayer
y habrá paz y felicidad
en nuestro querer.
Siempre en su casa presente está
el bodeguero y el cha cha chá,
vete a la esquina y lo verás,
que atento siempre te servirá.
Anda enseguida, córrete allá,
entre la plata lo encontrarás
del otro lado del mostrador,
muy complaciente y servidor.
Bodeguero, ¿qué sucede?,
¿por qué tan contento estás?.
Yo creo que es consecuencia
de lo que en moda está.
El bodeguero bailando va,
en la bodega se baila así,
entre frijoles, papa y ají,
el nuevo ritmo del cha cha chá.
Toma chocolate, paga lo que debes.
Vacilón, qué rico vacilón.
Cha cha chá, qué rico cha cha chá.
A la prieta hay que darle cariño,
a la china tremendo apretón,
a la rubia hay que darle un besito
pero todas gozan el vacilón.
Unas tienen la cara bonita,
otras tienen nariz de ratón,
las hay gordas, también delgaditas
pero todas gozan el vacilón.
Los marcianos llegaron ya
y llegaron bailando cha cha chá.
Ricachá, ricachá, ricachá
y llegaron bailando cha cha chá.
Bodeguero, ¿qué sucede?,
¿por qué tan contento estás?.
Yo creo que es consecuencia
de lo que en moda está.
El bodeguero bailando va,
en la bodega se baila así,
entre frijoles, papa y ají,
el nuevo ritmo del cha cha chá.
Sitiera mía, dime qué has hecho
de nuestro dulce hogar,
cuna que un día fue la alegría
de todo aquel sitial.
Lágrimas vierte la sitiería,
que tiende a desolar
y es por no verte, reina que un día
fuiste de aquel lugar.
Ya el jilguero se alejó
de aquel frondoso algarrobo
y hasta la mata de jobo
nos da muestras de dolor.
Pues la sitiera ha marchado
y yo, enamorado,
lloro por su amor.
Y es para la sitiería
cual si fuera un día
que le falta el sol.
Ven, sitiera, por favor.
Ven de nuevo a mi retiro
y gozaremos de amor
al son del tiple y el güiro.
La palma real crece ufana
a orillas del Damují,
región donde yo nací
en mi campiña cubana.
Aunque tú me has echado en el abandono,
aunque ya has muerto todas mis ilusiones,
en vez de maldecirte con justo encono
en mis sueños te colmo de bendiciones.
Sufro la inmensa pena de tu extravío
siento el dolor profundo de tu partida
y lloro sin que tú sepas que el llanto mío
tiene lágrimas negras como mi vida.
Tú me quieres dejar,
yo no quiero sufrir,
contigo me voy mi santa
aunque me cueste morir.
Pensándolo bien, mi prieto,
ya no me quiero morir,
yo quiero seguir viviendo,
yo quiero verte sufrir.
Si un jardinero, de amor
siembra una flor y se va,
otro viene y la cultiva,
¿de cuál de los dos será?
Dos gardenias para ti,
con ellas quiero decir
te quiero, te adoro, mi vida.
Ponles toda tu atención
porque son tu corazón
y el mío.
Dos gardenias para ti,
que tendrán todo el calor de un beso,
de esos besos que te di
y que jamás encontrarás
en el calor de otro querer.
A tu lado vivirán
y te hablarán
como cuando estás conmigo
y hasta creerás
que te dirán te quiero.
Pero si un atardecer
las gardenias de mi amor se mueren,
es porque han adivinado
que tu amor se ha terminado
porque existe otro querer.
Cuando por el ancho monte
su música el aire lleva
es cuando su trino eleva
el melodioso sinsonte.
El sol por el horizonte
y en él un mundo lejano,
cuando por el verde llano
se asoma la bella palma,
orgullo siento en el alma
de haber nacido cubano.
El canario y el sinsonte que amo tanto
alegran los horizontes
del isleño con su canto.
Desde épocas legendarias,
en toda su dimensión,
es mucha la relación
que hay entre Cuba y Canarias.
Son las cosas necesarias
de una amistad poderosa
una tradición gloriosa
y con todo amor humano,
decir canario y cubano
es decir la misma cosa.
La distancia que separa nuestro pueblo
se acorta cuando estos versos
dicen lo que llevo dentro.
Me place ver tus cascadas,
callaos, ríos y montes,
me emocionan los sinsontes
cantando en las alboradas.
Tus caricias deseadas
no hay un ser que las resuelva
y yo, al morir en tu selva,
diré en brazos de la muerte:
¡Cuba, por volver a verte,
quién abrir mis ojos vuelva!
Quién volviera a ver los lares
de mi palmera gentil
la noble cuna infantil,
órgano de mis cantares.
Con su cinturón de mares
y sus horizontes rojos
y al realizar mis antojos
fueras, mi palma querida,
por mis labios bendecida,
retratarte en mis ojos.
Ante los cuentos creados
con respecto al matrimonio,
voy a dar un testimonio
por tantos verificado.
De treinta hombres casados,
diez están medio aburridos,
cinco están enfurecidos
otros cinco están violentos,
los otros diez descontentos
y los treinta arrepentidos.
Yo te lo dije, yo te lo dije, esa mujer
que si me quería, que si me quería, que si me quería querer.
Y la vieja, que lo supo,
de un palo mató a la perra
porque le parió un perrito rabo
y mocho y sin orejas.
Oye, Maruca, bien lo sabes:
si quieres comer casabe
tienes que rallar la yuca.
Retorna, vida mía, que te espero
con una irresistible sed de amar.
Vuelve pronto a calmarme, que me muero
si presto no mitigas mi dolor.
A conmover tu corazón no alcanzo,
yo no puedo vivir lejos de ti.
Tan solo me sostiene la esperanza
porque ella vive eternamente en mí.
Estoy tan enamorao
de la negra Tomasa,
que cuando se va de casa
triste me pongo.
¡Ay, ay, ay!
Esa negra linda
que me echó bilongo.
Na’ má’ que me gusta la “comía” que me cocina,
na’ má’ que me gusta la café que ella me cuela.
Quiquiribú, Mandinga.
Quiquiribú, Mandinga.
¡Eh, cómo le gusta mi timba!
Esa negra linda, esa negra brava
que me echó brujería, mamá.
En el lenguaje misterioso de tus ojos
hay sensibilidad.
Tomasa sé que te llamas,
Tomasa no me respondes.
Si el amor hace sentir hondos dolores
y condena a vivir entre miserias,
yo te diera, mi bien, por tus amores
hasta la sangre que hierve en mis arterias.
Si es surtidor de místicos pesares
y hace al hombre arrastrar largas cadenas,
yo te juro arrastrarlas por los mares
infinitos y negros de mis venas.
Yo soy el punto cubano
que en la manigua vivía
cuando el mambí se batía
con el machete en la mano.
Tengo un poder soberano
que me lo dio la sábana
de cantarle a la mañana,
brindándole mi saludo
a la palma, al escudo
y a mi bandera cubana.
Por eso canto a las flores
y a la mañana que inspira,
le canto a Cuba querida,
la tierra de mis amores.
Soy la linda melodía
que en el campestre retiro
siempre le llevo al guajiro
la esperanza y la alegría.
En noches de romerías
inspiro a los trovadores,
cantantes y bailadores
gozan con el zapateo
y se olvidan de Morfeo
para tributarme honores.
Por eso canto a las flores
y a la mañana que inspira,
le canto a Cuba querida,
la tierra de mis amores.
Ahora me encuentro en La Habana
entre orquestas y he gustado,
de chachachá disfrazado
pongo una nota cubana.
Aquí, como en la sabana,
mi música fraternal
viene del cañaveral
representando al mambí,
a la tierra de Martí
y a la enseña nacional.
Por eso canto a las flores
y a la mañana que inspira,
le canto a Cuba querida,
la tierra de mis amores.
Ojalá nunca lloviera,
ojalá se seque el mar,
ojalá que se secara
el arroyo, el manantial.
¿Por qué, por qué?
¿Por qué?, dime por qué.
Porque estoy hecho tierra
y si me tiran agua
ya tu sabes que me vuelvo fango.
¡Ay, ay, le zumba el mango
que una gota de agua me vuelva fango!
Ojalá que se secaran
la represa y la laguna,
y una gota de rocío
ojalá no vea ninguna.
Ojalá que se secaran
todas las matas de coco,
para que nadie pudiera
tirarme agua de coco.
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